Al igual que en otras muchas facetas de la sociedad contemporánea, el universo del vino es testigo de transformaciones apasionantes por influjo de la tecnología y las ciencias. Las bodegas, con visión de futuro y vocación de calidad, participan cada día con mayor vigor en proyectos I+D+i (Investigación, desarrollo e innovación). Tratan de marcar diferencias con la competencia y mejorar los productos que ponen en el mercado.
Sin duda, estas iniciativas buscan el éxito empresarial pero siempre lo enmarcan con algún beneficio social: proteger el medio ambiente, conseguir productos más saludables o mejorar calidad de vida.
Tenemos que la calidad del vino se ayuda por la agricultura ecológica, la selección de uva o por la “criomaceración”, una técnica con aportación de nieve carbónica a los procesos fermentativos para favorecer la extracción de color, aroma y sabor de las bayas y su hollejo
Varias bodegas riojanas investigan potenciar el “resveratrol” en el vino. Un componente antioxidante con beneficios cardiovasculares. Aunque los resultados todavía resultan un tanto endebles no deja de ser una iniciativa pionera e innovadora.
Un tercer aspecto es la aplicación de la “geotermia” para reducir las emisiones de Co2. Es una tecnología de vanguardia que aprovecha las temperaturas del subsuelo para generar parte de la energía necesaria en los procesos de elaboración del vino. Con ello, todavía, no se consigue cubrir el 100% de las necesidades energéticas pero el ahorro alcanza cotas hasta del 70% .
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